martes, 25 de abril de 2017

EL MEMORÁNDUM DE DIOS…


EL MEMORÁNDUM DE DIOS…
Déjame compartir contigo, otra vez, el secreto que escuchaste a la hora de tu nacimiento y
que has olvidado.
Tú eres el milagro más grande.
Eres el milagro más grande del mundo.
Te concedí el poder de pensar.
Te concedí el poder de amar.
Te concedí el poder de desear.
Te concedí el poder de reír.
Te concedí el poder de imaginar.
Te concedí el poder de crear.
Te concedí el poder de planear.
Te concedí el poder de hablar.
Te concedí el poder de orar.

Mi orgullo en ti no conoció límites. Fuiste mi máxima creación, mi milagro más grande. Un ser viviente completo. Un ser capaz de adaptarse a cualquier clima, a cualquier penuria, de enfrentarse a cualquier desafío. Un ser capaz de controlar su propio destino sin ninguna interferencia de mi parte. Un ser capaz de traducir una sensación o una percepción, no por instinto, sino a través del pensamiento y la liberación, en cualquier acción que sea mejor para sí mismo y para toda la humanidad.
Así hemos llegado a la cuarta ley para alcanzar el éxito y la felicidad… ya que te concedí un poder más, un poder tan grandioso que ni siquiera mis ángeles lo poseen.

– Te concedí… el poder de elegir.
Con este don te situé incluso por encima de mis ángeles…ya que los ángeles no son libres de elegir el pecado. Te concedí un control absoluto sobre tu destino. Te dije que deberías determinar, por ti mismo, tu propia naturaleza de acuerdo con tu libre albedrío. Al no ser de naturaleza divina ni terrenal, estuviste en libertad de modelarte en cualquier forma que preferías. Tú viste el poder reelegir si querías degenerar en una de las formas más bajas de la vida, pero el juicio de tu espíritu, de renacer en las formas más elevadas, que son divinas.
Jamás te he quitado ese grandioso poder, el poder reelegir.
¿ Qué has hecho con esa tremenda fuerza? Contémplate a ti mismo. Piensa en las elecciones que has hecho en tu vida y recuerda, ahora, esos amargos momentos en que habrías estado dispuesto a caer de rodillas sin tan sólo hubieses tenido la oportunidad de volver a elegir.
Lo pasado, pasado está… y ahora ya conoces la cuarta gran ley de la felicidad y el éxito. Emplea con sabiduría tu poder de elección.

Elige amar… en vez de odiar.
Elige reír… en vez de llorar.
Elige crear… en vez de destruir.
Elige perseverar… en vez de renunciar.
Elige alabar… en vez de criticar.
Elige curar…en vez de herir.
Elige dar…en vez de robar.
Elige actuar… en vez de aplazar.
Elige crecer… en vez de corromper.
Elige orar… en vez de maldecir.
Elige vivir… en vez de morir.

Ahora ya sabes que tus infortunios no fueron obra de mi voluntad, ya que se te había conferido todo el poder, y la acumulación rehechos y pensamientos que te colocaron entre los despojos de la humanidad fueron obra tuya, no mía. Los dones deponer resultaron demasiado grandes para su pequeña naturaleza. Ahora has crecido y has adquirido sabiduría y tuyos serán los frutos de la tierra.

Eres algo más que un ser humano, eres un ser humano digno.
Eres capaz de lograr grandes maravillas. Tu potencial es ilimitado. ¿Quién más, entre mis criaturas, ha conquistado a la enfermedad, la peste y la sequía?
¡Jamás vuelvas a menospreciarte!
¡Jamás te conformes con las migajas de la vida!
¡A partir de este día, jamás ocultes tus talentos!
Recuerda al niño que dice: “Cuando sea un niño grande”. Pero, ¿qué significa eso? Ya que el niño grande dice: “cuando sea adulto”. Y cuando ha llegado a la edad adulta dice: “cuando contraiga matrimonio”. Pero después de todo, ¿qué significa estar casado? Entonces ese pensamiento cambia a “cuando me jubile”. Y después llega la jubilación y mira hacia atrás el paisaje que ha recorrido; un viento helado lo ha barrido y de alguna manera se ha perdido de todo y ahora ha desaparecido.
Disfruta de este día, el día de hoy… y mañana, disfruta del mañana.

Has realizado el milagro más grande del mundo.
Has regresado de una muerte en vida.
Ya no volverás a sentir compasión de ti mismo y cada nuevo día será un desafío y una alegría.
Has vuelto a nacer… pero lo mismo que antes, puedes elegir entre el fracaso y la desesperación, o el éxito y la felicidad. La elección es sólo tuya. Yo únicamente puedo observar, como antes…lleno de orgullo…o de pesadumbre.
Recuerda entonces, las cuatro leyes de la felicidad y el éxito.

1. Cuenta tus bendiciones.
2. Proclama tu singularidad.
3. Camina otro kilómetro.
4. Emplea con sabiduría tu poder de elegir.

Y hay otra más, para cumplir con las otras cuatro.
Haz todas las cosas con amor…amor hacia ti mismo, amor hacia los demás y amor hacia mí. Enjuga tus lágrimas. Estira tu mano, toma la mía y mantente erguido. Permíteme cortar la mortaja que te ha mantenido atado. El día de hoy has sido notificado.